Aprender idiomas desde pequeños y tener la capacidad de poder comunicarse en más de una lengua produce numerosas ventajas en el niño a lo largo de su vida. El desarrollo de las habilidades intelectuales y los beneficios socioculturales, económicos y de salud son algunas de ellas.

 El cerebro de los niños que aprenden un segundo idioma, como el inglés, desde pequeños tiene unas capacidades cognitivas destacadas, ya que se desarrolla para asumir la habilidad de poder acceder a los idiomas de una forma rápida y sin esfuerzo y permite que el niño analice e interprete el entorno de una forma más efectiva.