El currículo de la E. infantil parte de una idea de niño/a como sujeto activo que participa directamente en el proceso de construcción de sus aprendizajes. Para ello, necesita de la figura del adulto, que actúa como mediador de dicho proceso, estimulando, motivando y facilitándole las condiciones de aprendizaje más apropiadas, para que el niño construya, modifique y amplié sus conocimientos.

  • El niño/a construye su aprendizaje y el educador, apoya y organiza los aprendizajes.
  •  El maestro conoce y respeta las posibilidades madurativas del niño.
  •  Conecta los nuevos aprendizajes con sus esquemas previos, el educador programa a partir de ello.
  • El niño necesita estar motivado, el educador motiva y cuida la funcionalidad de los aprendizajes.
  • El niño aprende globalmente, el educador propone situaciones de E/A globales.
  • El niño aprende en interacción, el educador planifica y propicia las interacciones.
  • Necesita sentirse seguro, el educador trata de crear ambientes cálidos y seguros.
  • El niño aprende en familia, el educador debe colaborar con las familias.

En la expresión oral debemos, además, tener presentes algunas normas que deben cumplirse:

  • Respeto a las formas de expresión propias de la comunidad, modismos regionales, etc., y propuestas de nuevas formas que enriquezcan y amplíen su expresión.
  • Debe evitarse la ruptura con el entorno sociofamiliar del niño. El niño ha de encontrar en el centro modelos de lenguaje factibles e irse incorporando al que trae de casa.
  • El juego será el procedimiento didáctico por excelencia.
  • Los contenidos de la comunicación serán ricos y variados, lo que se consigue si se diversifican las experiencias.
  • En vez de reprimir sus errores, repetiremos correctamente las expresiones defectuosas de los niños en el lenguaje espontáneo, proporcionando así feed-back correctivos en los que estarán incorporados los patrones lingüísticos adecuados.
  • Tratamiento global de la lengua.

La intervención educativa puede aparecer como:

-Preventiva, orientada a la anticipación del problema, promoviendo la modificación de tendencias o situaciones que dificulten la adquisición del lenguaje.

-Correctora, orientada a modificar las conductas problemáticas presentadas por dificultades del lenguaje infantil: dislalias, disfasias, déficit articulatorios.

-Optimizadora, orientada al establecimiento de pautas externas y perrequisitos internos que hagan posible el logro de resultados óptimos.

La intervención correctora y la preventiva suele ser objeto de especialistas; lo que no impide que el educador de E. infantil esté capacitado y colabore en dicha intervención.

Sin embargo, será la intervención optimizadora donde el maestro va a tener el más amplio campo de expresión de sus finalidades: Observando la evolución de cada niño, sus intereses y motivaciones y ayudándole a avanzar desde sus posiciones iniciales hacia la construcción de logros superiores; promoviendo su desarrollo y reforzando sus avances. La intervención educativa del maestro debe ser fruto del ajuste de su actuación a la del niño, a sus avances y retrocesos, a su evolución.

El objetivo de esta etapa será lograr la capacidad del niño para expresar sentimientos, deseos e ideas mediante el lenguaje oral, ajustándose a los diferentes contextos y situaciones de comunicaciones habituales y cotidianas y a los diferentes interlocutores, así como utilizar las normas que rigen los intercambios lingüísticos.

Se deben crear situaciones y programar actividades como:

  • Comprensión y expresión de enunciados activos (pedir, preguntar, saludar,…) de creciente complejidad.
  • Comentarios sobre hechos, personas y cosas de su entorno.
  • Creación y expresión de situaciones imaginarias.
  • Expresión de sus vivencias, sentimientos y necesidades.
  • Conversaciones.
  • Narración de cuentos, tanto populares como fabulaciones extraídas de la vida real.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

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