A los niños les encanta tocar, explorar y experimentar con otras texturas que no son comunes en su día a día, además es muy importante que puedan tener acceso a estas edades a multitud de experiencias de este tipo que influyen en su desarrollo neuronal y cognitivo. En estas últimas semanas los niños de 2-3 han estado experimentando y explorando con ARROZ.

Necesitamos unos cajones ubicados en mesas para dar altura o en contenedores de diferentes tipos, siempre y cuando tengan unas paredes que recojan el contenido pero que sean bajas para que el niño pueda manipular el material. También necesitamos botes pequeños o cazos, como tapones de leche, de detergente, envases de lácteos, cacitos de leche en polvo…

Echamos un kilo de arroz o dos dependiendo del tamaño del cajón y libremente los niños manipulan este material con los utensilios que les hemos proporcionado.

Es increíble la cantidad de acciones que pueden realizar en un momento, dependiendo de la edad y del grado de madurez. Me puse a observar y pude ver una niña que llenaba un tapón grande con un cacito pequeño hasta que no cabía más y se derramaba todo cuanto seguía echando, después lo volcó y se puso a hacerlo mismo una y otra vez durante toda la actividad. Necesitaba repetir y repetir esa acción hasta el infinito para afianzar la comprensión de llenado y vaciado, de cantidades, de peso, de volumen, de velocidad…

Sin embargo otras dos niños de al lado jugaban a darse de comer uno al otro, preparaban un envase lleno de arroz (cocinando), y después con un lenguaje muy preciso se hacían saber quién era la que daba de comer y quién la que comía, asumiendo cada uno su rol.

Otros niños pasaba sus manos por el arroz una y otras vez para disfrutar de la sensación, del masaje, de lo que le reconfortaba. Después decidió coger el arroz con sus manos y apretar muy fuerte para sentir como se clavaban los granos en sus manos para después soltarlo al aire y liberarse de esa presión, observando al mismo tiempo como caían otra vez a la mesa y sonaba como la lluvia.

Todas estas experiencias y otras tenemos la suerte de poder observarlas todos los días.

Por: Marta villegas y Beatriz Glez

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