La salud, no sólo como la ausencia de enfermedades o dolencias, sino
como un completo estado de bienestar físico, psíquico y social. Es un concepto, por tanto, positivo, ya que no sólo implica la ausencia de enfermedades, sino también el funcionamiento óptimo del organismo, que posibilite su máximo bienestar físico, psíquico y social, la autorrealización y la felicidad del hombre.

La adquisición de buenos hábitos de salud, higiene y nutrición, no sólo contribuyen al cuidado del propio cuerpo y de los espacios en los que vive, sino que también son fundamentales en el proceso de autonomía del niño/a.

El término higiene se denomina al conjunto de reglas que deben observarse para conservar y mejorar el estado general de salud.

La higiene personal, no ha de considerarse como algo aislado del proceso de crecimiento y mucho menos se debe reducir a unas normas o hábitos.

El aseo y el cuidado del cuerpo, el cuidado del aspecto personal, la adquisición del control de esfínteres y la consiguiente utilización del orinal o del w.c, la adquisición de destrezas para vestirse o desvestirse, habrán de integrarse en un trabajo más global dirigido al conjunto de la vida de cada niño/a y en todo caso desde la autonomía y crecimiento personal en su conjunto.

Durante mucho tiempo los bebés van a necesitar que el adulto haga casi de todo por ellos: cambiarles el pañal, bañarles, lavarles vestirles y cuidar de su aspecto personal. Este sería el primero y más básico de los objetivos educativos en relación con la higiene de los más pequeños: proveerles de los cuidados que garanticen la máxima sensación de bienestar.

La preocupación por la higiene no es sólo una cuestión de bienestar físico, sino también y en buena medida de satisfacción emocional y afectiva.

Los momentos del cambio de pañal o acompañamiento en el w.c. y  vestirse proporcionan situaciones óptimas para la relación íntima y la comunicación, ante la variedad de lenguajes que se ponen en marcha: la voz, el cuerpo, la mirada, las palabras, las caricias…

Se trata de observar las diferentes reacciones y formas de situarse ante la higiene, la limpieza y el cuidado de su cuerpo, respetando sus ritmos y tendencias, sin que ello tenga que suponer dejar de comunicar y trabajar la adquisición de estrategias y hábitos de higiene personal y de salud básicos que correspondan en cada momento y en cada caso.

Progresar en la adquisición de hábitos y actitudes relacionados con la seguridad, la higiene, el aseo y el fortalecimiento de la salud, apreciando y disfrutando de las situaciones cotidianas de equilibrio y bienestar emocional.

Dicho objetivo, debe conseguirse a través de la ejecución, aprendizaje y puesta en práctica de:

  • La salud y el cuidado de uno mismo.

  • Acciones y situaciones que favorecen la salud y generan bienestar propio y de los demás.

  • La higiene personal. Adquisición y práctica de hábitos saludables: Higiene corporal, alimentación, ejercicio y descanso.

  • Gusto por un aspecto personal cuidado

Por Marta Villegas y Beatriz Glez.

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