EDUCAR SI, PERO ¿CÓMO?

Tanto padres y madres como profesionales estamos buscando nuestros caminos, porque no estamos satisfechos con la situación actual en materia de educación, los niños parecen presentar cada día mas dificultades emocionales, de aprendizaje, de comportamiento…

Los modelos que tenemos integrados, que son los que recibimos de pequeños, no nos sirven y por otra parte, aún no hemos conseguido construir un modelo nuevo que nos dé una cierta seguridad y garantías de que vamos por un buen camino.

Un mar de dudas

¿Puede ser un mal hábito llevar en brazos a mi hijo demasiada a menudo?, ¿Estoy desatendiendo su necesidad de contacto físico si no lo llevo a menudo en brazos?. Si llora y no lo cojo, ¿estoy siendo demasido dura con él/ella? Y si no le dejo llorar ¿igual no le permito que exprese su malestar?

En definitiva, ¿he de consultar y seguir la orientación de un experto o he de seguir mi intuición?

Muchas de estas preguntas son habituales y recurrentes y nos llevan a un mar de dudas.

Nuestro paisaje es cada vez más incierto, más inseguro y más complejo, justo porque estamos empezando a configurar nuevos modelos educativos, familiares y sociales.

El miedo del adulto

En este movimiento hacia nuevos planteamientos tiene un papel importante el miedo. Miedo al vacío que tenemos delante, de no obtener ninguna respuesta, miedo a equivocarnos.

Hay una cosa clara, los niños necesitan contacto físico. Si tenemos el valor de abandonar las ideas y teorías para mirar al niño concreto único, él nos ayudará a encontrar respuestas adecuadas.

Abandonar las gafas, mirar a los ojos

En primer lugar hay que tranquilizarse, aceptando que como madres y padres nos podemos equivocar más de una y dos veces. peros si tenemos el valor de mirar al niño concreto y único, nos ayudara a encontrar las respuestas más adecuadas para cada momento.

El niño necesita un equilibrio en la relación con el adulto, entre: ahora estamos juntos y ahora cada uno hace sus cosas.

¿Es fácil mirar a un niños? No, nada fácil porque no estamos acostumbrados a observar realmente. Solemos mirar el mundo a través de muchos filtros, ideas, prejuicios, experiencias anteriores…

Podemos dejarnos ayudar por otros que han sido capaces de mirar al niño en profundidad.

Si hablamos de un niño de 0 a 3 años, las aportaciones de la doctora Emmi Pikler sirven de guía y orientación.

Emmi Pikler pudo comprobar que los niños necesitan realmente el contacto físico, pero no sólo eso, también necesitan la MIRADA y la PALABRA en su relación con el adulto.

Necesitan su atención, la presencia y el interés de ese adulto.

Necesitan un trato respetuoso y amable para sentirse seguros y queridos.

Necesitan intervalos de calma para estar con ellos mismos, para hacer sus descubrimientos, para observar, para experimentar. 

Si el niño tiene una relación satisfactoria con el adulto, es capaz de disfrutar profundamente de su propia actividad y autonomía.

Para crecer en armonía con él mismo y con el entorno, necesita un equilibrio en la relación con el adulto.

Por lo tanto si volvemos al dilema del principio, SÓLO QUIÉN ESTA DE ÉSTA MANERA CON EL NIÑO, será capaz de saber lo más adecuado y necesario en cada momento.

Quizá es hora de que nos volvamos a conectar con la realidad de lo que es un niño, de quién es ese pequeño/a en concreto que tengo delante y qué potencial lleva incorporado. Nos ayudará a restaurar nuestra seguridad como adultos y también a disfrutar de vivir con ellos.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

Basado en: Articulo “Entre dudas y teorías, Educar si, pero ¿cómo?” Sònia Kliass

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