Durante un largo periodo de tiempo, nuestros hijos dependen totalmente de nosotros. Por ello tenemos que intentar cuidar nuestras actitudes ya que para ellos somos modelos y referencias.  Deberemos proporcionarles los medios para aprender estrategias sociales que les ayuden a desenvolverse en su entorno y con otras personas.

El niño/a a lo largo de los primeros años de vida va a descubrir y diferenciar la existencia de otras personas.

En el  primer año de vida los niños/as establecerán el apego con personas cercanas, suelen ser los padres, este vinculo afectivo es el sustento principal de seguridad y confianza para que el niño se desarrolle afectiva y emocionalmente, y establece también el tipo de relaciones que va a tener en el futuro con los demás. Es un vinculo de interacción privilegiada estando caracterizado por determinadas conductas (llanto por la separación), representaciones mentales (visión de la figura de apego) y sentimientos (alegría).

Las relaciones entre compañeros aparecen durante el segundo año de vida, se parece y se diferencia en parte a las interacciones de los niños con los adultos ya que las primeras interacciones están centradas en juegos y objetos apareciendo en menos medida conductas de socialización imitadas de los adultos. Poco a poco estas interacciones se van coordinando estableciendo vínculos a través de los objetos (niños que quieren el mismo objeto), imitación social (hacer lo mismo uno al lado del otro)…

A partir de los cuatro años encontramos diferencias de socialización importantes, los niños/as ya hablan y juegan con otros niños debido a su desarrollo cognitivo y manifiestan comportamientos de participación  interacción… aparecerá el juego asociativo o de cooperación

Hacer amigos contribuye de forma positiva e importante a la mejora de  la autoestima.

En la infancia sobretodo hasta los 4 o 5 años es muy común cambiar de amigos frecuentemente, a partir de estas edades los lazos entre los compañeros o amigos se van afianzando siendo más fuertes.

A partir de la convivencia en el colegio y los juegos y enfados que a veces conlleva van practicando habilidades sociales necesarias para esta convivencia con los demás.

Podemos definir habilidades sociales como “comportamiento que desarrollan las personas a la hora de relacionarse con los demás”. El aprendizaje de las habilidades sociales y de la comunicación es imprescindible para resolver los conflictos de manera pacífica.

Algunas de estas habilidades esenciales son: respetar a los demás, saber escuchar, pedir perdón, saber decir que no en algunos momentos, desarrollar la empatía, ser educados con los demás…

Para que los niños/as tengan buena salud emocional, deben sentirse apoyados por nosotros, respetados y queridos, sin olvidar que hay normas que deben cumplir. Enseñarles que igual que a ellos les encanta que les cuiden y atiendan, a los demás también. Nosotros como adultos debemos siempre recordar que somos su importante referencia de aprendizaje.

Es lógico que la vida en grupo suponga conflictos y dificultades, no suelen ser graves, se van solucionando con la ayuda de los adultos ofreciendo estrategias pacificas.

-Aportarles la manera de dominar y controlar la irritabilidad, ofreciéndoles experiencias motivadoras.

-No ofrecerles, para calmar su agresividad, juguetes u otras recompensas materiales pues momentáneamente se calman, pero después exigen nuevamente la recompensa.

-Observar a otros niños que en sus mismas circunstancias mantienen otro tipo de conducta, así mediante la imitación progresivamente modificará su conducta

-Brindarle en todo momento ayuda, que sepa que le queremos aunque no aprobamos su conducta o el acto concreto.

Nuestros esfuerzos irán encaminados a que el niño adquiera confianza en sí mismo, para lograr que aumente su autoestima y por lo tanto la aceptación de si mismo que le conducirá a la adaptación de los demás.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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