Los niños no nacen conociendo a los otros, ni aceptándolos. Poco a poco irán interaccionando y relacionándose con los demás, y es la única forma de que conozcan las normas que rigen estas interacciones. Para ello han de pasar por acuerdos, conflictos, complicidad, agresiones… y así irán afianzando y adaptando su conducta.

 

PROCESO DE RECONOCIMIENTO DE LOS OTROS

El niño a lo largo de la etapa de educación infantil va a ampliar su conocimiento de manera considerable. En este proceso de desarrollo el niño va a descubrir y diferenciar la existencia de otras personas que van a tener una gran trascendencia en su desarrollo general.

Desde los primeros días de vida, los niños pequeños son capaces de percibir algunas expresiones emocionales de los demás (perciben un rostro triste y se les contagia esa tristeza), diferencian determinadas posturas, voces familiares… que van seguidas de determinadas pautas de conducta.

El reconocimiento de la personas debemos situarlo alrededor de los 3 ó 4 meses. A partir de ese momento, ponen de manifiesto numerosas conductas diferentes ( lloro, sonrisa, contacto corporal, mirada, etc.) según la persona con quien interactúen. Buscan más el contacto con las personas que conocen que con aquellas que les son desconocidas. Hacia los 6 meses los niños distinguen claramente a determinadas personas, manifiestan clara preferencia por interactuar con ellas y recibir sus cuidados, y lo que es más significativo, reaccionan con frecuencia ante su ausencia de forma clara: cambios en la temperatura y ritmo cardiaco, lloro, expresión de tristeza… Alrededor del octavo mes, no sólo distinguen entre conocidos y desconocidos, sino que reaccionan con angustia, recelo o miedo ante los desconocidos. Al año son muchas las habilidades que poseen para reconocerse a sí mismos como personas diferentes de los demás.

CARACTERÍSTICAS

Su conocimiento está muy basado aún en características externas y aparentes, describen a los otros en base a atributos corporales.
Las inferencias acerca de los sentimientos, pensamientos, iniciativas o rasgos personales de los demás, tienen aún un carácter global, poco preciso. Saben que un niño castigado se encontrará “mal”,  pero no pueden especificar si será tristeza, odio o envidia lo que siente.

Cuanto más familiares son las situaciones en las que se encuentran, mas sencillo les resulta inferir las características de otros y adaptar a ellas su comportamiento. Si las situaciones son abstractas o desconocidas para ellos, con bastante probabilidad tendrán problemas para efectuar las inferencias sociales necesarias, por ejemplo cuando van a la escuela por primera vez tardan en interaccionar y relacionarse. Cuando su propio punto de vista está implicado en una situación social, en ocasiones van a tener dificultades para diferenciarlo del de otros, están en una etapa egocéntrica y no son capaces de ponerse en lugar del otro.

EL APEGO

En los primeros años de vida, las figuras de apego tienen para el niño un significado especial, favoreciendo la identificación del niño con ellas. El apego y la amistad son los vínculos afectivos básicos. El apego es un vínculo afectivo que establece el niño con las personas que interactúan de forma privilegiada con él, estando caracterizado por determinadas conductas, representaciones mentales y sentimientos. Conductas que intentan conseguir o mantener la proximidad con la persona a que se está apegado y conductas de interacción privilegiada: llamadas (lloros, vocalizaciones, gestos…), contacto íntimo (contacto táctil, abrazos…), vigilancia y seguimiento perceptivo de las figuras de apego (visión a distancia…), conductas motoras de aproximación y seguimiento, etc. Supone también la construcción de un modelo mental de la relación con las figuras de apego: los recuerdos que deja, el concepto que se tiene de la figura de apego y de sí mismo, y por último, las expectativas sobre la propia relación. El apego, es también un conjunto de sentimientos asociados a las personas con las que el niño está vinculado. La adecuada relación con las figuras de apego conlleva sentimientos de seguridad, bienestar y placer, asociados a la proximidad y contacto con ellas, y de ansiedad cuando tienen lugar separaciones o dificultades para restablecer el contacto.

PROCESO DE DESCUBRIMIENTO, DE VINCULACIÓN Y ACEPTACIÓN

Se ha observado que la exposición de bebés de 9 meses a interacciones con compañeros nuevos produce cambios cualitativos en las mismas. La conducta dirigida al compañero nuevo aumento en cantidad, en complejidad y en grado de participación social entre los sujetos. Superado el primer año de vida, cuando ya ha sido establecida una vinculación afectiva fuerte, fundamentalmente con la madre, ha descubierto su propia imagen, y reacciona de forma diferente ante conocidos y desconocidos, el niño va logrando independencia en sus figuras de apego y descubriendo la existencia de los otros; está iniciándose en el proceso de descubrimiento. Las relaciones entre compañeros durante el segundo año de vida se parece y se diferencia en parte a las interacciones de los niños con los adultos. En un estudio de Eckerman, se puso de manifiesto que las conductas observadas en las interacciones de los niños con las madres (sonrisa, vocalización y contactos físicos) también ocurrieron con los compañeros, aunque con menor frecuencia. La interacción con materiales de juego fue más frecuente entre los niños que en las relaciones con sus madres. Esto nos lleva a concluir que las primeras etapas de relación con los compañeros de juego están centradas en el objeto.

La interacción con otro niño comienza a diferenciarse también de la interacción con un extraño a lo largo del segundo año. Durante este segundo año la interacción entre compañeros se coordina progresivamente y se estructura de forma diferente a la interacción con un adulto. Podemos considerar que los niños a esta edad están estableciendo vínculos, procesos de vinculación, a través de los objetos, imitación social, etc. Si comparamos niños de 2 años con niños de 4, encontraremos diferencias importantes en su desarrollo social. Se observa que con una mayor frecuencia los niños mayores hablan y juegan con otros niños y manifiestan comportamientos sociales como la sonrisa o el reirse. En niños menores son más frecuentes los comportamientos como llorar, mirar a otros niños, dejarse coger los juguetes u orientarse en general hacia el profesor.

Conforme los niños y niñas crecen aumentan su participación en actividades asociativas y de colaboración y disminuye el juego solitario y paralelo o sin interacción, la ociosidad y la observación pasiva. Estaremos hablando de proceso de aceptación en los últimos años de la educación infantil, dónde aparecerá el juego asociativo y de cooperación que requiere mayores destrezas cognitivas que otros tipos de juego. Esta actividad asociativa representa una interacción entre compañeros más madura que la actividad paralela.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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