EDUCAR SIN MIEDO A TRAUMAR

Ser padres supone saber educar, lo cual requiere amor, lógica, técnica, arte y conocimiento. No es fácil, pero tampoco es imposible.

Ser padres es asumir que se educa en todo momento, más con los actos que con la palabra.

Nunca se debe decir al niño que no le queremos o amenazarle con que no le vamos a querer. Imponerle ideas y conductas, educarle en el miedo o emplear el castigo físico, que quizás termine con el comportamiento que se intenta inhibir, no forma el carácter.

Hay que educar con amor, humor y respeto, transmitiendo confianza y responsabilidad, dando libertad dentro de unos límites razonados.

Imponer disciplina, lo que significa enseñar, no es estar constantemente castigando.

Es frecuente que dediquemos excesivo tiempo intentando disminuir conductas anómalas que se dan muchas veces al día, como las rabietas, cuando lo mejor sería aumentar las formas “buenas” de conducta, más que intentar reducir las “malas”. Dedicar nuestra atención en las formas positivas y retirarla en las negativas, ya que normalmente los niños buscan nuestra atención.

El niño puede y tiene derecho a enfadarse, pero no puede incidir con sus enfados en la convivencia familiar de tal manera que ésta se vea alterada. es preciso que a veces le ayudemos a salir de la rabieta, que les enseñemos a reconducir sus enfados mediante pautas, normas y límites que les indiquen como superar ese sentimiento, que muchas veces les desborda. Aprender a controlar la ira es fundamental desde los primeros años. Los padres podemos facilitar que nuestros hijos/as desarrollen estrategias para reducir el enfado o la ira, hay que enseñarles a mantener el control.

El niño tiene que llegar a ser consciente de las circunstancias en que se enfada. Poco a poco hay que incidir en la idea de que no podemos conseguir siempre y en el momento esperado lo que deseamos.

Hay que enseñarles que cuando su ira está aumentando se han de  detener a pensar, sin actuar impulsivamente, esperar a que poco a poco cese ese sentimiento de ofuscación.

Cuando el niño/a esté calmado es conveniente analizar la situación con él/ella, reflexionando sobre si realmente era tan grave o no, si tiene solución, las alternativas y buscar las posibles respuestas de actuación.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

Basado en: Articulo “Educar sin miedo a traumar” Javier Urra

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