La seguridad emocional consiste en que la satisfacción de las necesidades se viva en un ambiente afectuoso y de placer, donde se atiendan estas necesidades y el niño/a no tenga que reclamarlas con insistencia para que el adulto sea consciente de ellas.

El niño/a debe ver reflejado su propio bienestar en la “MIRADA” del adulto.

La necesidad de satisfacción de las necesidades o deseos, no implica resolverlas siempre, ni todas, ni en cualquier lugar o momento.

La complejidad de esto, está en qué orden se priorizan y con que criterios para que el niño/a pueda vivirlo como una fuente de seguridad emocional.

Todos los niños/as necesitan para su seguridad emocional vivir en un marco donde sus necesidades estén ordenadas, porque es el adulto quién ofrece los recursos o estrategias, mediante la reflexión para decidir que es prioritario; como por ejemplo comer o jugar.

El adulto siempre debe estar disponible, en mayor o menor medida, no solo para reestructurar el bienestar emocional si alguna vez el niño/a lo precisa, sino para asegurar y desarrollarlo correctamente.

La vinculación emocional, el bienestar emocional tiene mucho que ver con los juegos corporales compartidos, que surgen muchas veces durante los momentos de higiene, descanso… Hay que aprovechar estos momentos a fondo ya que son un rico intercambio de placer que asegura ese bienestar emocional, al sentirse queridos.

Es imprescindible que estas situaciones se lleven a cabo con el máximo respeto hacia el niño/a, sin situarlo como simple receptor de nuestra acción, sin actuar jamás sin previo aviso, y cuidando siempre que el niño/a tenga oportunidad de manifestarse y posiblemente provocar los juegos de encuentro y desencuentro, donde calibrará nuestra atención y afecto.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

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