Debemos comprender que las escuelas y colegios,tal como están concebidas son una necesidad de los adultos (y del sistema económico actual) que no de los niños/as es imprescindible para poder acompañar su “adaptación” a esa separación de la familia,  que no se produce solo a los 3 años, sino que sigue cada año.

Los horarios rígidos, las rutinas inflexibles, la poca libertad de ir y venir… hace que cada año los niños/as se sigan rebelando a su manera, los adultos tenemos la obligación de estar pendientes en este proceso para garantizar el bienestar emocional.

Ser conscientes del dolor y la ansiedad que produce cada año en los niños/as la “escolarización cerrada”no es fácil, pero es la única manera de poderlos acompañar.

La integración del niño/a en una escuela debe realizarse paulatinamente, sin prisas ni agobios. Es muy importante respetar los tiempos y las exigencias de cada niño en particular.

Siempre que lo consideres necesario habla con la profesora o educadora sobre tus dudas, tus inquietudes y sobre cualquier cambio que observes en el niño.

Hay que reconocer que cada niño es distinto y cada uno puede vivir, a su manera, la incorporación al colegio. Al final terminarán aprendiendo las rutinas básicas de la convivencia escolar y adaptándose a la escuela.

Si un niño no llora, no habla, está resignado y retraído se puede considerar como un signo de alarma para que los padres se preocupen y, si se prolonga durante semanas, hay que hablarlo con su profesor o educador.

El proceso de adaptación escolar por el que pasan todos los niños es variable y particular de cada uno.

En unos puede durar tan sólo unos días. En otros tarda un mes o un trimestre completo.

Pueden existir estas fases:

Fase de protesta: En esta etapa, el pequeño toma conciencia de que está “solo”. La protesta se manifiesta en lloros, intentos de huida, ansiedad, conductas regresivas, rechazo de los profesores o negación a participar en las actividades del aula.

Fase de ambivalencia: La protesta pierde fuerza y comienza un periodo en el que el alumno alterna situaciones de rechazo y bienestar en clase y con el docente. Puede mostrar todavía síntomas de ansiedad y angustia con llantos y pataletas, pero empieza a aceptar el entorno.

Fase de adaptación: A lo largo del primer mes de estancia en el colegio, la mayoría de los niños termina por adaptarse a la nueva situación. Supera la ansiedad, acepta al tutor y comienza a relacionarse con otros compañeros.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

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