El niño necesita estar limpio para sentirse bien. El cambio de pañal es un momento idóneo para tener una relación individual privilegiada con el niño.

Hemos acostumbrado al niño pequeño a dejarse hacer y a no dejarlo participar de su cambio de pañales.

No puede considerarse el cambio de pañales como una acción eficaz y mecanizada que hay que terminar lo antes posible. Tenemos que ver al niño NO como un OBJETO sino como un ser humano que tiene sentimientos, que vive, que ve y que comprende todo lo que se le hace. El adulto tiene que aceptar la posibilidad de cooperar con él.

En el cambio de pañales hay que establecer una relación privilegiada, íntima, cara a cara el adulto y el niño, tiene que haber un interés mutuo.

El niño tiene que conseguir una verdadera relación con el adulto que lo cambia, establecer un intercambio emocional que le dará seguridad y confianza.

El adulto tiene que adaptarse al ritmo y a los inicios de movimiento del niño, que tiene que poder moverse mientras lo cambian para poco a poco sentir su cuerpo y sentirse activo y participativo en su cambio de pañal.

Cada vez que cambiamos un pañal tenemos que estar solo para ese momento, tenemos que estar por ese niño. Hemos de comunicarnos con el niño a través de la palabra, el gesto y la mirada. Hay que poner palabra a lo que vamos haciendo para que no se vea sorprendido por ninguna acción inesperada, debemos narrar al niño todo lo que vamos a hacer. Esto permite al niño interiorizar las acciones que llevamos a cabo y más tarde podrá representarlas y anticiparlas.

Hay que hablar de las sensaciones que va teniendo el niño.

Hay que dar el tiempo necesario para que el niño entienda lo que le estamos diciendo un tiempo para constatar cómo llegan las palabras que emitimos al niño. Y estar atentos a lo que nos quiere transmitir el niño.

Nuestras manos como adultos también hablan, todo nuestro cuerpo, nuestra actitud hablan al niño.

El cambio de pañal tiene que ser un momento tranquilo y relajado en el que el niño pueda disfrutar con el adulto de un contacto suave, delicado en el que sienta que el adulto le percibe como importante.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

Basado en el articulo: “La importancia del cambio de pañales a bebés” Mª Rosa Ferri

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