La conducta de morder y otras expresiones relacionadas con las rabietas, como pataletas, llantos incontrolados, los empujones, tirones de pelo…aparecen a ciertas edades, como forma de expresar el malestar ante algo que no se consigue de forma inmediata o que impide conseguir un deseo propio.

El que los comportamientos se puedan considerar problemáticos o no, depende de la edad del niño/a, la frecuencia e intensidad de las expresiones de este tipo, la existencia o no de otros comportamientos para expresar la frustración y de la repercusión en el entorno que se producen.

En la medida en que el pensamiento avanza en las adquisiciones simbólicas, el lenguaje sirve más plenamente como modulador de comportamiento, las acciones, pegar, morder, empujar…, empiezan a quedarse en segundo plano.

Bajo el comportamiento de morder aparece en el niño/a pequeño un conflicto emocional, puntual o no, que no está sabiendo canalizar o resolver de otra manera. No tenemos que olvidar que tolerar la frustración es un proceso que vamos aprendiendo a lo largo de la vida, y que en esta etapa infantil se encuentra solo en el inicio.

¿Qué podemos hacer?

Una forma de ayudar podrá ser el intentar hacerse cargo también del malestar del niño/a que agrede. Si bien es cierto que es más fácil consolar al niño/a agredido , el niño/a que agrede también necesita ser cuidado adecuadamente.

Poner palabras a lo que el niño/a que agrede necesita, podría desear y no ha conseguido, ofrecer un modelo de actuación diferente y actuar como mediador, podrá ser una forma de ayudar en la resolución de conflictos. Se debe evitar la reprobación publica o no publica, ante el hecho ya que esto puede tener unos efectos negativos,  si se produce de forma esporádica no tendrá una especial significación, pero si es algo que se repite contribuirá en la construcción de una imagen personal negativa muy difícil de modificar. Se debe explicar el hecho aportando soluciones reprobando el hecho nunca al niño/a.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

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