No me des todo lo que pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo.

No me des órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido, y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes ir al parque vámonos, pero también si no me vas a comprar caramelos.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces sentir mejor que los demás, alguien va a sufrir. Y si me haces sentir peor que los demás, seré yo quien sufra.

No cambien de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide, y mantén esa decisión, porque me desorientas y, al final,no voy a saber lo que de verdad es importante.

Déjame valerme por mí mismo. Algo sabré hacer. Si tú lo haces todo por mí,nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que lo haga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que dices.

Cuando yo haga algo mal, no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé y otras me da muchas vergüenza.

Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y así me enseñarás a admitir mis propias equivocaciones.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos. Que seamos familia no quiere decir que no sea persona.

No me digas que haga una cosa cuando tú no la haces. Yo aprenderé lo que tú haces. Yo aprenderé lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío no me digas “No tengo tiempo para bobadas” o “Eso no tiene importancia”. Sé que a veces estás ocupado, pero te necesito. Trata de comprenderme y ayudarme.

Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

 

Anuncios