Una de las líneas directrices de la metodología en la Educación Infantil es la que se refiere a que ésta debe de ser activa. La actividad es la fuente principal del aprendizaje y desarrollo en la infancia. La actividad es imprescindible tanto para el desarrollo físico y psicomotor como para la construcción del conocimiento. A través de la propia actividad, en continuo intercambio e interacción con el medio, el niño aprende y transforma la realidad.

En consecuencia, la metodología de esta etapa ha de potenciar situaciones y tiempos donde los alumnos puedan desarrollar sus capacidades de manipular, explorar, observar, experimentar, construir, etc., proporcionando experiencias variadas, ambientes motivadores, que les permitan aplicar y construir sus propios esquemas de conocimientos. Para ello debemos organizar las condiciones para que sea posible la actividad autónoma de los niños, ya sea desarrollada ésta de forma individual, en pequeños grupos o con nuestra concurrencia.

La Educación Infantil resalta el papel de las actividades, las experiencias y los procedimientos. De esta manera, el acercamiento a los conceptos llega a través de experiencias, de la propia vivencia y  la manipulación.

Es a través de la acción, observación y experimentación y el juego como el niño, por un lado, expresa sus intereses y motivaciones y, por otro, descubre propiedades de los objetos, establece relaciones… etc., es decir, pone en funcionamiento sus propias estructuras cognitivas. Esto requiere de un ambiente estimulador que la anime e impulse; que ayude al niño a aprender a aprender, a descubrir, a ser verdadero partícipe, a no enseñar sino a descubrir actuando y observando y jugando.

Los niños a través de manipulaciones directas de los objetos o del tipo de “manipulación mental” que se da en actividades como el juego simbólico, acceden a los conocimientos y los afianzan. Las experiencias vividas por el alumno, el contacto con la realidad, la observación directa, han de garantizarse en la E. infantil. Otras veces, la observación y experimentación no se puede efectuar sobre la realidad por lo que tendremos que utilizar otros métodos indirectos: láminas, recordatorio de cosas o hechos.

A través de la experimentación y observación directa o indirecta, se describe, se compara, se clasifica, se relaciona… se trabajan las distintas áreas del desarrollo y se llega a la consecución de los objetivos programados.

En la etapa infantil la acción, el juego y la experimentación son los principales ejes del aprendizaje. Como afirma TONUCCI “el niño sabe observar, observa desde que nace” y un “niño que se mueve, que explora, que busca, que toca, que prueba, que juega, no es un niño inestable, preocupante, a vigilar; cada vez que el adulto lo limita pensando en protegerle o simplificarle las cosas, de hecho impide cualquier parte de una construcción que quizás resultará después incompleta o inestable”.

La adquisición de patrones de comportamiento, conocimientos y actitudes, así como sus posibles modificaciones se realizan a través de la observación de los adultos. Por ello, “la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado”, por lo que el aprendizaje por observación acelera y facilita el desarrollo de los mecanismos cognitivos complejos y pautas de acción social (RIVIERE, 1992).

Como señala TONUCCI existe una clara diferencia entre lo que se construye y lo que se aprende. “Lo que se construye se fija en la memoria, lo que se aprende difícilmente puede penetrar en ella”. A lo sumo se podría reproducir cuando sea necesario.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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