La familia es una institución social. Referirnos a ella en los tiempos que corren, implica necesariamente tener en cuenta una amplia tipología que va desde la familia clásicamente entendida hasta otros tipos cada vez más extendidos, como veremos posteriormente.

 

La socialización en la primera infancia (0-6 años) tiene efectos en la construcción de las estructuras básicas de la personalidad, que permitirán la construcción del individuo. Es el desarrollo social afectivo y sexual lo que en estos momentos está en juego. Grandes temas del desarrollo, como pueden ser la autonomía, la elaboración del egocentrísmo, la construcción de la norma, la integración social… tienen en este tramo su raíz y fundamento.

Significa en definitiva una adaptación al mundo, a la realidad exterior. En este tramo toda la gama de relaciones humanas se van presentando al niño de una forma paulatina, siendo éste gran observador y actor, como lo demuestra la evolución y complejidad del juego simbólico y de roles  que continuamente representa, tomando como modelo a sus progenitores en las actividades que habitualmente desempeñan.

FUNCIONES SOCIALES

  • Favorece el desarrollo afectivo, el niño se siente unido a las personas con quien convive y esto hará que su desarrollo esté centrado, integrado y feliz. • Mediante la proliferación de rituales, costumbres, normas…facilita la adscripción a un estatus determinado para sus componentes.
  • Ofrece las primeras normas y modelos de conducta por aprendizaje vicario.
  • Establece los criterios morales  a través del modelaje que ejercen los padres.
  • Favorece los procesos de identificación, autoconcepto, aceptación, identificación sexual e integración.
  • Facilita la adaptación personal y social proporcionando las imprescindibles relaciones humanas de igualdad, jerarquización, variación de roles, etc…
  • Favorece el desarrollo de las capacidades cognitivas, de las interacciones verbales, ofrece el esquema inicial de distintos lenguajes (verbal, gestual, afectivo,…)
  • Contribuye al proceso de socialización y aculturación de los hijos.

ACCIÓN EDUCATIVA

  • Ayudar al niño en la “afirmación de sí mismo”, en la propia aceptación como medio de potenciar el “concepto de sí mismo” y la búsqueda de su propia identidad.
  • Propiciar actividades en las que el niño se perciba como parte integrante de la sociedad, facilitar la colaboración con el grupo y ayudarle a que cumpla con las funciones y tareas que le corresponden como parte integrante de los distintos grupos a los que pertenece.
  • Favorecer el paso de la moral orientada por castigo y obediencia (heterónoma) a la moral orientada por principios éticos universales (autónoma).
  • Potenciar la comunicación familiar y no simplificar el uso correcto de la lengua.
  • Ayudar al niño a progresar en la cooperación y el respeto comunicativo, enseñándole a compartir y comprender el punto de vista ajeno, a aceptar la responsabilidad de sus acciones, a canalizar y controlar sentimientos y emociones etc…

A través de mecanismos como inculcación de valores y normas, recompensas y castigos, imitación… la familia va moldeando las características psicológicas del niño. Sin embargo, la familia no tiene un poder absoluto e indefinido sobre el niño; es decir, ni los padres podrán “tallar” en sus hijos las características que deseen, ni los rasgos que caractericen al niño a lo largo de su desarrollo se deberán exclusivamente a las experiencias vividas en el seno familiar. Por varias razones:

– Ciertas características pueden estar al menos parcialmente definidas cuando el niño nace (p.e, ciertas características de temperamento infantil).

– Otros contextos socializadores (escuela, compañeros) influyen sobre el niño de forma paralela a la acción de los padres.

En cualquier caso, la familia es el contexto de socialización por excelencia para niño.

 

RECOMENDACIONES 

– Las referidas al “clima familiar”, o “nicho ecológico cultural” (condiciones contextuales), generando un clima acogedor, estable y afectivo.

– Las referidas al aprendizaje observacional o imitativo (aprendizaje vicario). Los padres representan también el primer modelo que perciben e imitan los niños, de ahí que su conducta, en tanto que sirve de ejemplo, tiene un fuerte valor educativo.

– El lenguaje como mediador de la acción educativa. Se trata de que los padres proporcionen a sus hijos modelos lingüísticos que les permitan la comunicación adecuada.

– Imposición de normas mediante la aplicación de refuerzos de modo contingente y proporcionado.

 

Concretamos algunas actuaciones que no se deben dar para que realmente se manifieste una actitud positiva de los padres (PASCUAL, en MARTÍNEZ, QUINTANAL Y TÉLLEZ 2002): ausencia de límites y normas, no expresar lo que está bien y mal; ceder después de decir que no; falta de coherencia entre lo que dice la madre y padre, o las figuras de autoridad que cumplen esas funciones; autoritarismo, obediencia por la obediencia; no cumplir las promesas, premios o castigos propuestos; no negociar entre padres e hijos, no escuchar.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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