Muñecas, cepillos, pinturas, disfraces, vendas… Una de las etapas más importantes en los niños pequeños es la del JUEGO SIMBÓLICO. Todos los niños pasan pero no con la misma intensidad ni en el mismo período.

El juego simbólico es una actividad  que aparece a partir de los 2-3 años, a mitad de camino entre el juego de movimiento con

objetos y la utilización de la realidad tal como es. La fantasía del niño atribuye a los objetos los más diversos significados imaginarios o diversas funciones como si fueran reales: un trozo de madera puede ser una escoba o un secador.

Comienzan a combinar juegos que implican cierta simbolización y abstracción. El niño no distingue con claridad la realidad de la fantasía, su única realidad es la que él produce.

Los juegos simbólicos o de ficción suelen aparecer hacia los 2 años y medio como juegos de imitación, desarrollándose hasta los 7 años. Durante este período va aumentando el grado de complejidad hasta alcanzar verdaderos guiones e interpretaciones en colaboración con otros niños.

La imitación actúa como un instrumento para expresar la realidad tal como la vive y la percibe el niño, que no tiene porqué coincidir a cómo la ve el adulto. Éste es el espejo a imitar aún involuntariamente.

IMPORTANCIA

  • Asimilación de la realidad. El niño descubre su entorno, se apodera de él y lo utiliza para expresarse. Mediante el juego revive experiencias gratas (fiestas o espectáculos) o situaciones desagradables o imposibles (médicos o guerras).

  • Preparación y superación de situaciones. El niño tiende a imitar las acciones y actitudes de otros, realidades que no están a su alcance, como si fueran ellos mismos y tener otra personalidad, por ejemplo transformarse en aviones o pilotos. Estos juegos favorecen el desarrollo mental y emocional del niño.

  • La expresión del pensamiento y sentimientos subjetivos. Este juego es la forma de pensar del niño, la expresión de las experiencias que vive, es por ello, que a través de su observación se puede conocer su mundo interior. La dificultad de sus propias experiencias se compensa con la facilidad de representarlas.

EVOLUCIÓN

  1. El niño comienza a utilizar la capacidad representativa recién adquirida usando sustitutos de las cosas. Esto consiste en la reproducción de acciones fuera de contexto, por ejemplo,  jugar como si se lavara las manos. Evoca un objeto ausente y lo manipula en su mente.

  2. Pasa a simbolizar las acciones de otros y de las cosas que le son familiares, como dar de comer al osito, o dormir a la muñeca.  Así comienza a comprender las actitudes y comportamientos de los otros.

  3. Después los juegos se extienden desde la transposición de la vida real hasta la invención de seres imaginarios, sin modelo calcado de la realidad. Esto sería el juego con muñecas, que les hacen tomar roles que no se atrevería a asumir, infligiéndoles castigos.

  4. La evolución continúa en el sentido en el que el niño se preocupa cada vez más por la veracidad de la imitación de lo real. Ya no sólo quiere la casa de muñecas, sino que muebles, trajes y utensilios han de ser lo más parecido a la realidad.

  5. Aparece el compañero imaginario, que le sirve de interlocutor y observador de sus proezas. Hacia los 4 años aparece el simbolismo colectivo, se prestan las ideas, se imitan, es un monólogo colectivo que se diferenciarán los roles haciéndose complementarios. Es un ejemplo jugar a papás y a mamás, a médicos… Se aprecia el reparto de papeles y la secuenciación de la acción.

  6. La última etapa el juego simbólico evoluciona hacia el juego sociodramático, existiendo menos fabulación y fantasía y más proximidad a la realidad. Cada participante asume su rol y actúa de acuerdo a él.

EL JUEGO SIMBÓLICO DEBEMOS DEJARLO DESARROLLAR EN TODA SU PLENITUD, PROPORCIONANDO MATERIALES Y ESPACIOS. EL NIÑO PODRÁ DESARROLLAR SUS CAPACIDADES MENTALES, EMOCIONALES Y SOCIALES, MUY IMPORTANTE PARA SU CRECIMIENTO.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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