¿QUÉ ES EL APEGO?

Es el vínculo afectivo que vuestro hijo establece con una o varias personas de su entorno familiar. El apego tiene una función adaptativa para el niño, su objetivo y sentido último es favorecer la supervivencia, con las personas que protegen y ofrecen los cuidados durante la infancia.

Desde un punto de vista subjetivo, la función del apego es proporcionar seguridad emocional, el niño quiere a sus figuras de apego porque se siente seguro, aceptado incondicionalmente, protegido y con los recursos emocionales y sociales necesarios para su bienestar.

La presencia de las figuras de apego o la adquisición de un estilo de apego seguro predice relaciones más confiadas y eficaces con el mundo social y físico. Los niños acaban teniendo un estilo de apego que es toda una forma de estar en el mundo y relacionarse con las personas, especialmente en las relaciones que requieren intimidad.

Los niños con apego seguro se muestran autónomos, sociables, dóciles, capaces de explorar el ambiente y perciben a sus padres como base segura, es decir, como personas sensibles a sus necesidades y que favorecen el contacto y la cercanía

El acto de coger a vuestro hijo, mecerlo, cantarle, alimentarlo, mirarlo detenidamente, besarlo… siempre teniéndolo presente, dándole la importancia que requiere en estos momentos, haciéndole sentir que estáis para él, que estáis disponibles cuando os necesite, que ese momento es individual de relación íntima y privilegiada, sin distorsiones y centrando vuestra atención exclusivamente en él/ella, son experiencias positivas de vinculación. Estos momentos de calidad en la relación con la persona de apego (padres) darán lugar a la formación de un apego seguro.

El niño con apego seguro desarrolla un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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