Los hábitos principales que deberán adquirir los niños son:
Descanso: cumplir un horario de sueño y descanso, cuidar las condiciones ambientales de descanso; luces, ruidos, ventilación, etc.
Higiene: cepillado de dientes después de las comidas, lavados de manos antes de las comidas y después de la utilización de servicios higiénicos, etc. Control de esfínteres: micción y defecación.

En el descanso, el niño encuentra el tiempo oportuno e imprescindible para recuperar el tono muscular, sentir la sensación de placer de volver a un punto de equilibrio.

El niño ha de dormir en un lugar bien ventilado, sin corrientes de aire y, cuando sea oportuno, en una habitación propia. La organización del espacio y del tiempo se realizará respetando esa necesidad básica del niño.

El sueño como proceso biológico del ser humano tiene una importancia fundamental especialmente en la infancia. No es sólo un estado pasivo de reposo corporal, sino que es un proceso activo que viene determinado por el cambio de actividad de los centros cerebrales que tienen que ver con el sueño.

El sueño, además de su función restauradora, procesa la información obtenida durante la vigilia y colabora en los procesos de atención, memoria, en la adaptación de los procesos emocionales, en el incremento de la energía, asienta los aprendizajes… 

Un buen hábito del sueño debe contemplar:
• Horarios del sueño y comidas.
• Regularidad de dichos horarios.
• No utilización de medicamentos para la obtención del sueño.
• Baño antes de acostarse.
• Condiciones ambientales adecuadas (tamaño de la habitación, ventilación…).

Entendemos por higiene personal el conjunto de reglas y cuidados que tienen por objeto la conservación de la integridad de las funciones del organismo y el mantenimiento e incremento de la salud.
Desde que nace, el niño debe interiorizar las normas de higiene. El baño al igual que el sueño o las comidas favorece el desarrollo rítmico de la vida. Asegura así al niño, un ritmo psicológico estable.

Por otro lado, el baño es desde muy pronto una actividad placentera, en la que el niño experimenta con su propio cuerpo. En el baño se lleva a cabo un verdadero programa de desarrollo sensorial. Son importantes, igualmente, otras normas de aseo personal, tales como el peinado, el corte de uñas, etc.

En la adquisición de estos hábitos juega un papel fundamental la familia. El niño tiende a hacer aquello que ve, aunque en el colegio se hable sobre higiene y se tenga establecida una serie de hábitos. Es importante que el niño disponga de todos los útiles necesarios para su aseo: jabón, papel higiénico, cepillo de dientes, peine, toalla… y se sienta responsable de ellos. Sí come en el colegio sería interesante que dispusiera de una bolsita de aseo o al menos cepillo y pasta dental. Por supuesto en el colegio debe haber siempre papel higiénico, jabón y toalla.

Las familias y educadores se encuentran en muchos momentos con el problema de que los niños no quieren lavarse. Hay que abandonar los argumentos como que la limpieza es buena y la suciedad es mala, es necesario insistir en la higiene del entorno y el aseo personal como fuente de bienestar y vivencias agradables.

Lavarse no es un deber impuesto, sino algo que puede hacer que el niño/a se sienta a gusto. Se debe dejar que el niño experimente por sí mismo las diversas sensaciones, ensuciarse puede ser agradable y lavarse después también. La limpieza no debe ser una obsesión, más que decirle al niño que no se ensucie ni ensucie, hay que enseñarle a limpiarse,conservar el entorno limpio y proporcionarle los medios y el tiempo necesario para ello.

La higiene es un concepto que va mucho más allá de la limpieza comprende otra serie de aspectos como el ejercicio físico, la alimentación, el sueno.

La higiene personal y del entorno son básicas para mejorar la salud. La limpieza aumenta la sensación de bienestar personal y facilita el acercamiento de los demás y en consecuencia, las relaciones interpersonales. Es importante que los niños aprendan a valorar el hecho de la higiene como medida para el logro de un mayor bienestar personal con los demás.

Estas prácticas ayudan al niño a elevar su autoestima, elemento fundamental para el equilibrio de su futura vida psíquica.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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