Todo tipo de expresión desarrolla en el niño una serie de habilidades y capacidades relacionadas con su mundo interior y su conexión y relación con el exterior. Es decir, nos puede dar mucha información sobre él mismo, su interacción con el mundo que le rodea, cómo es percibido y cómo reacciona ante él.

La expresión plástica pretende acercarse al conocimiento de obras artísticas, realizar actividades de representación y expresión para comunicar vivencias y emociones mediante el empleo de diferentes técnicas. Además, ayuda a capacitar al niño para desarrollar la sensibilidad, la percepción de formas, color, texturas, espacio… y gusto por la belleza.

El progresivo dominio sobre los diversos materiales y técnicas permitirá que el niño desarrolle una expresión más libre en la que se manifieste emocional y cognitivamente. Tanto en el terreno del dibujo como en el del modelado o en las actividades de recortar, pegar, cosido… el niño realiza una larga evolución que va desde las ejecuciones poco finas hasta ejecuciones más ajustadas, pasando por etapas intermedias repletas de expresividad. 

El desarrollo de la creatividad. La representación plástica es un vehículo apropiado para canalizar la creatividad y la expresión de los estados emocionales individuales. Para que la expresividad de sus producciones alcance toda su potencialidad, debemos trabajar en
el niño la observación, y darle una gran riqueza de posibilidades para que se exprese.

Desarrollo de la motricidad. Los distintos materiales para la expresión gráfica, así como otro tipo de actividades manipulativas (recortando, pegando…) permiten al niño un mayor dominio a nivel de motricidad fina y coordinación visomanual. Así, la expresión plástica ayuda en el paulatino progreso del control motor en el curso de actividades diversas (manejo de tijeras, utilización de la plastilina…).

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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