La Educación Plástica constituye uno de los lenguajes con mayores posibilidades de expresión que, junto con la Educación Musical y la Dramatización, potencia el desarrollo de la comunicación no verbal.
La riqueza de los medios que utiliza, junto a la sencillez de las técnicas de las que se sirve y la gran variedad de soportes sobre los que trabaja, han hecho de esta materia un componente indispensable e insustituible en el ámbito educativo, sobre todo en la etapa infantil.
Su estudio se configura a partir de la evolución, factores de desarrollo y aspectos psicológicos, de tal manera que el maestro sepa de dónde parte en cada caso, cómo puede intervenir, qué debe valorar y el porqué de todo ello.


EVOLUCIÓN DEL DIBUJO


Los garabatos del niño son el producto de la estructuración de su cuerpo y expresión de la forma en que puede moverlo. A medida que el niño va desarrollando su esquema corporal, controlará las diferentes partes del cuerpo (hombro, mano, muñeca…).
Se hace fundamental conocer las diferentes fases ó etapas del grafismo infantil ya que sólo entendiendo las formas que el niño dibuja y las estrategias que utiliza, podremos comprender su comportamiento y apreciar las variaciones que tienen lugar en el proceso de desarrollo del niño. En la maduración gráfica se suelen identificar por una serie de indicadores como:

– Las características del grafismo.

– La forma de disponer el espacio.

– El uso y utilización del color.

GARABATEO DESORDENADO

WALLON sitúa el inicio de la expresión gráfica a los 18 meses (fase sensomotriz) en donde el niño no tarda en captar la relación causa-efecto entre su actividad instrumental y la huella gráfica. Los primeros garabatos son líneas desordenadas colocadas al azar, no son intentos de reproducir el medio visual circundante, no tienen intencionalidad comunicativa. El niño disfruta con sus garabatos, como movimiento y como registro de su actividad kinestésica. La mano funciona autónoma del cerebro ensayando trazos (de fuera a dentro, de dentro a fuera, oscilaciones, oblicuos, discontinuos…). Su evolución viene marcada por el dominio sucesivo de las diferentes articulaciones: hombro, codo, muñeca y dedos. Recorre los siguientes pasos:

• El niño realiza el garabato mirando hacia otro lado, moviendo el brazo hacia adelante y hacia atrás. La rotación del hombro da lugar a trazos rectilíneos o curvos.

• El control de la articulación del codo hace posible un tipo de garabato llamado barrido.

• Coordinando la flexión y extensión del codo con el movimiento de avance y retroceso del brazo aparece el garabato “circular”.

• Cuando controla la muñeca y la rotación del puño aparecen los “bucles” y trazos cicloidales

• El nuevo logro motor que afecta al dibujo es el control del pulgar, que posibilitará detener el movimiento y hacer trazos independientes.
El garabato en este momento no pretende representar la realidad.

GARABATEO  CONTROLADO

Aproximadamente a los 2 años, el niño controla sus movimientos, descubriendo la relación entre ellos y los trazos sobre el papel. Se trata de líneas largas, variadas, de distinto color, pero sin movimiento de retorno. Este paso se caracteriza por la conexión que el niño descubre entre sus trazos y los movimientos que realiza, de lo que deriva cierto control visual o seguimiento visual. No obstante, este tipo de garabato no tiene intención representativa. Aparecen en esta etapa los trazos casi circulares, ovoideos, en un movimiento que sigue el sentido de las agujas del reloj.

Utilización de técnicas basadas en el afianzamiento del control viso-manual.

– Los materiales recomendados son los lápices de pastel gris, lápices de cera, pintura para carteles, hojas grandes, tizas y pizarra.

– Como materiales tridimensionales moldeables están la arcilla y la plastilina.

– También la dactilopintura es adecuada para estas edades.

GARABATO CON NOMBRE

A los 3 años, aprox., el niño controla el punto de partida y llegada, lo que le permite retocar el dibujo y perfeccionarlo. Hay una búsqueda de formas. El niño descubre que sus dibujos tienen un sentido y les pone nombre “esta es mamá”, “este es un pájaro”. La titulación que da a sus dibujos es imaginaria. El niño comienza a denominar los garabatos que pinta pero se trata de una semejanza fortuita pues el dibujo una vez será un hombre, otra un árbol… El grafismo toma valor de signo. Los elementos dibujados se superponen. Conecta sus movimientos con el mundo que le rodea. ¡Ha cambiado del pensamiento kinestésico al pensamiento imaginativo! La función simbólica está ya instalada.

A este paso WALLON lo llamó “representativo inicial”. LUQUET lo describe como “realismo fortuito” pues desemboca en los primeros intentos de representación con formas reconocibles para el adulto.
En cuanto al color, no existe relación entre éste y el objeto que dibuja, p.e. le pone color azul a un pato, rojo a un árbol…

Esta subetapa pasa por diferentes momentos (LUCART):

1º No hay semejanza entre la representación y el objeto representado.

2º Aparecen semejanzas entre el trazo y el objeto que se representa. La verbalización se une al grafismo.

3º El/la niño/a enuncia previamente lo que dibujará. Existe un plan previo de dibujo.

ETAPA PREESQUEMÁTICA: INTENTOS DE REPRESENTACIÓN (4-7 años).

WALLON llamó a esta etapa de “realismo intelectual” pues en ella se da la formación del símbolo del signo claramente representativo. El niño capta ya una analogía entre la forma y el dato perceptivo. Copia los objetos que le llaman la atención, es una representación ya intencional.

  • Separa el YO del trazo. El trazo tiene un simbolismo propio y no es la continuación del niño
  • Empleo subjetivo del color
  • Disposición espacial anárquica. A un lado una figura y al otro otra.
  • Esquema humano conceptual (cabeza enorme y palotes) según una simplificación jerarquizada de las distintas partes que lo componen.

Dada la intención representativa (la semejanza ya es percibida) el niño corrige su dibujo. Muchas veces toma del modelo un rasgo- signo, uno de los elementos que simbolizan el todo. En su intención de significar, hace uso de procedimientos que van en contra del realismo objetivo: múltiples detalles, el detalle “ejemplar”. El niño se preocupa más de que los objetos sean más reconocibles e identificables que de representar las cosas tal y como son.

A los 4 años comienza a elaborar esquemas en sus dibujos. Se encuentra en su primer nivel de representación, siendo la figura humana la primera que consigue desarrollar en el papel, dando una importancia máxima a la cabeza (los llamados “cabezones” o “renacuajos”); la representan mediante un círculo incluyendo más o menos detalles que poco a poco, debido a su propia experiencia perceptiva irá enriqueciendo. En 2º lugar representa las extremidades. La cabeza se enriquece con ojos, dos grandes óvalos que disminuirán de tamaño progresivamente; boca en forma de línea o círculo; nariz de formas muy diferentes, como raya, punto, triángulo…; pelo, líneas oblicuas situadas fuera de la cabeza, que se van complicando con el tiempo; orejas, cejas…El tronco aparece después de la cabeza y las extremidades.

A los 5-6 años el “renacuajo” se ha convertido en una figura humana. El niño concibe el espacio como algo que le rodea y en donde se sitúan los objetos, de ahí que los presente en distintas posiciones, como “flotando”. La distribución del espacio es anárquica y el tamaño de las personas y objetos así como las proximidades establecidas (p.e. en el dibujo de la familia) están en función de la importancia que el niño les dé.
Las visiones de perfil y de frente se sintetizan en el mismo objeto. No distingue lo que ve de lo que sabe acerca del objeto, llegando incluso a realizar los objetos transparentes, no ocultando lo que no ve pero que conoce.
La afectividad también se notará en sus dibujos, dándole más énfasis a los objetos que para él emocionalmente significan algo.

LA ETAPA «ESQUEMÁTICA» (de 5 a 7 años)

A partir de los 5 años (aprox), se caracteriza por las nuevas relaciones espaciales, equidistante del realismo intelectual y visual, ordena las formas según esquemas mentales. Bidimensional, estratifica los planos en la «línea base» y «línea cielo», en las que yuxtapone las formas. El carácter conceptual de los dibujos en la incorporación de los datos que sabe (no que ve), por lo que representa las figuras frontales y completas. Color más objetivo.

Hacia los 7 años. los niños tienen una acusada interpretación subjetiva (conceptual) de la realidad (más o menos condicionada por su personal relación con ella). Sorprende el «aparente» orden que el niño da a la realidad. En esta etapa, no hacen una marcada distinción entre el volumen real (triple dimensión) y el volumen simulado (doble dimensión). Simular el volumen en la doble dimensión supone darle un tratamiento de luz y sombra y perspectivas que el niño menor de 7 años no concibe.

La técnica debe facilitar el dominio sobre el manejo de los materiales, porque el niño está entusiasmado con su habilidad para representar lo que tiene cierto sentido para él. La elaboración del collage es recomendable para integrar los conceptos espaciales. El rasgado y el recortado de papel también lo son para la motricidad fina.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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