“En la escuela ha mordido a algún niño”, “mi hijo ha venido ya 2 días seguidos con un mordisco”, “¿Debo preocuparme?”, “quiero saber quién ha sido”… todas estas frases y resultarán familiares y seguramente alguna vez las hayas pensado.

Los niños comienzan a explorar todo su entorno a través de la boca, es lo más inmediato, lo primero que han conseguido desarrollar para alimentarse y poder sobrevivir. Cuando son bebés todo se lo meten a la boca, porque en realidad, lo que nosotros tocamos con las manos para conocer su textura y temperatura, ellos lo conocen a través de su boca y sus papilas gustativas, hasta que más adelante comiencen a desarrollar su manipulación y la coordinación mano-ojo.

Cuando tienen más de un año y caminan, empiezan a separarse de los adultos un poco para poder explorar el entorno a través de su movimiento. Es aquí cuando pueden surgir los llamados “mordiscos”. Se pueden dar en diferentes SITUACIONES:

  • Al llegar a la escuela o al estar cerca de otros niños surgen conflictos o disputas por los objetos, ya que todavía no es capaz de ponerse en lugar del otro y compartir, lo que tiene entre sus manos cree que es suyo, y lo que quiere y desea también es suyo. En estas situaciones utilizan el medio de comunicación más rápido: la mano o la boca. Es instintivo, no piensan que van a hacer daño, es eficaz para conseguir lo que quieren.

  • Hay veces que el niño muestra mucha alegría o impaciencia, en definitiva, nerviosismo, y lo expresa con lo primero y más instintivo que tiene: la boca. En realidad no sabe cómo sacar toda esa pulsión acumulada y la hace de esta manera. El abrazo o el beso para expresar alegría por alguien es  aprendido socialmente.

  • Cuando hay juego con el adulto, a veces, el niño muerde, muerde porque quiere “comérselo”,

  • En ocasiones, al aparecer la  dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

  •  Algunos niños sencillamente muerden por imitación. Es importante no jugar a moderse con el adulto.

CÓMO ACTUAR

Hay que partir de la base de que un niño actúa impulsivamente y no es capaz todavía de frenarlo, es por ello que no podemos juzgarle ni etiquetarle, porque no lo hace adrede ni con un pensamiento consciente. Es necesario ayudarle.

Antes de que muerda puedes preveer las situaciones e intentar reconducirlas de otra manera. Por ejemplo, si va a morder porque le han quitado un objeto, adelántate y muéstrale estrategias para comunicarse de otra manera con el otro niño. Si está nervioso y crees que va a morder, expresa con palabras su estado anímico y cómo puede canalizar ese nerviosismo.

Si ya ha mordido, no es aconsejable regañarle porque eso hará que sienta frustración por una cosa que no puede controlar. Simplemente recuérdale que eso hace daño a otras personas y les causa dolor. Aún así, a los niños de estas edades les cuesta ponerse en lugar de la otra persona.

Lo más importante es pensar que es una etapa más y también pasará.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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