Es muy común decir al niño: “dibuja una casa”, “no lo hagas así, hazlo cómo yo te digo”, “Fíjate bien en lo que tienes delante”…

A menudo los estereotipos desvían la libertad expresiva hacia una representación rígida de la realidad en forma de códigos establecidos, pero universalmente reconocible y reforzada.

Los estereotipos pueden darse a tres NIVELES:

  • Interferencia adulta directa: El adulto espera que las representaciones infantiles tengan una relación directa con la realidad y fuerzan al niño a que intente esa semejanza (o le refuerzan) sin tener en cuenta sus procesos madurativos.
  • Interferencia de los medios de comunicación: Tebeos, cuentos, dibujos animados… sirven muchas veces de modelo de copia.
  • Interferencia de la enseñanza tradicional: Se ha infravalorado la autoexpresión, por lo que aún perduran en la escuela las tareas de copia, rellenado, elaboración de dibujos con rígidos criterios, que tienen más como objetivo desarrollar la coordinación visomanual que el servir de vehículos de expresión personal.

En los inicios de este tipo de actividades productivas tiene una gran importancia el papel de los adultos: atribuyendo significado a las primeras producciones infantiles, tal vez con un significado amorfo, y mostrando su satisfacción por los productos de la actividad del niño, el adulto estimula a utilizar estos procedimientos de expresión.

El papel del adulto es como siempre de máxima importancia. Por un lado, porque alienta al niño a servirse de esta forma de expresión y representación, apoyándole en sus realizaciones y orientándole en la ejecución. Por otro, porque va introduciendo poco a poco los materiales que son más adecuados y proponiendo al niño las actividades que le resultan más motivantes. Además, porque introduce al niño en el dominio de las técnicas y procedimientos a los que no se accede de manera automática.

Finalmente, hay que constatar que las producciones del niño son un lenguaje que nos habla de sus conocimientos y de sus estados emocionales, lo que hace particularmente útil no sólo el uso educativo de estos medios de expresión sino también su utilización al servicio de la continua observación y evaluación del niño.

La libertad expresiva se puede coartar a través de estereotipos de forma (cómo realizar) como de tema (haz una casita, p.e.). El resultado es una obra distante y despersonalizada. Los modelos o producciones que el adulto propone al niño para su realización es la forma más típica de estereotipo. Las imágenes que se han de presentar al niño han de ser reales o lo más parecidas posible a la realidad, p.e. fotografías.

Las características del estereotipo o modelo son:

  1. Son estéticamente frías, no revelan experiencia sensible alguna con relación a lo que representan. Son clichés simplificados que están muy por debajo de lo que el niño es capaz de representar.
  2. La repetición incesante de estos dibujos, multiplica sus efectos negativos, pues será difícil representar ya el objeto de forma diferente.

Cualquier corrección que el adulto realice basándose en su propia captación visual de la realidad y no de las experiencias mismas del niño podrá interferir nocivamente en la expresión personal de éste. Las interferencias comienzan cuando el niño hace sus garabatos y los adultos quieren ver en ellos sus propias concepciones.
Nunca debe ponerse como ejemplo el dibujo de un niño ni compararlo con el de otro.

Tampoco se debe dejar que el niño copie. Si lo hace reproduce expresiones extrañas a sus propias experiencias y le priva de expresar sus propias interpretaciones de las cosas. Acostumbrarse a copiar lo que otros hacen puede impedirle gozar de la libertad de crear, pues adquiere el hábito de aceptar las manifestaciones ajenas como las mejores, lo cual anula su personalidad. Por las mismas razones son también perniciosos los libros o cuadernos con figuras para colorear.

Las frecuentes repeticiones estereotipadas se encuentran generalmente sólo en dibujos de niños que han desarrollado modelos rígidos en su pensamiento. Un niño que se acostumbre a depender de tales moldes, que ejecute bien esas copias y que llegue a recibir elogios del adulto en función de su aproximación al modelo, puede perder la confianza en sus propios medios de expresión y recurrir a las repeticiones estereotipadas como un mecanismo de evasión.

El niño que es afectiva o emocionalmente libre y que no está inhibido en lo que concierne a la expresión creadora se siente seguro para afrontar cualquier problema que derive de sus experiencias. Se identifica estrechamente con sus dibujos y se siente independiente para explorar y experimentar con toda una variedad de materiales. Su arte se encuentra en un estado de constante variación y no teme cometer errores, ni se preocupa por el éxito o gratificación que va a tener en este caso particular. La experiencia artística es realmente suya.

La educación de la expresión plástica tiene como fin el desarrollo armónico del gráfico y el fomento de la capacidad de creación y expresión individual. Ello implica la disposición de un ambiente rico en estímulos que el niño vivenciará objetiva y subjetivamente.

El adulto ha de conocer las distintas etapas del dibujo para conocer la evolución de la personalidad del niño y captar sus verdaderos intereses y motivaciones. A partir de sus posibilidades se propondrán distintas actividades y el manejo de distintos materiales y técnicas. Los elementos plásticos siguen, asimismo, pautas evolutivas que el educador debe conocer.

Cuantos más detalles encontremos en la creación plástica del niño, mayor es la conciencia que tiene de las cosas que le rodean. El arte infantil es medio de desarrollo, de expresión y creación. Un ambiente de tolerancia, libertad y apoyo es fundamental para estimular la creatividad y formar personas con independencia de pensamiento.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

Anuncios