El color, la forma, las líneas, la proporción… todo esto y más es necesario para expresar gráficamente nuestro mundo interior. Los niños también lo hacen, pero cada uno lo utiliza según su desarrollo y maduración. Os explicamos cada uno de ellos.

 

Color

Habremos visto muchas veces un árbol azul o un dibujo todo negro. Durante la etapa del garabato, el color desempeña un papel secundario, el niño está centrado en su coordinación motriz. Más tarde, parece utilizar el color para representar distintos significados, si bien en la mayoría de sus dibujos, el color tiene un papel fundamentalmente decorativo, sin guardar relación con el objeto figurado. Sólo cuando el niño entra en la etapa de dar nombre a sus garabatos desea realmente emplear diferentes colores para distintos significados.

Respecto a la relación entre el color y la forma en la expresión gráfica con respecto a la personalidad del niño o con alguna característica de su comportamiento ALSCHULER Y HATTWICK llegaron a la conclusión de que los niños que pintaban con “colores cálidos” manifestaban un comportamiento emocional libre; los que preferían azul, tienden a ser más reservados; y los del negro, eran introvertidos y tímidos.

Actualmente, se piensa que en los niños más pequeños el color es más bien un descubrimiento nuevo y algo a experimentar más que una experiencia emocional. 

Más importante es la creación de la línea y la forma, así como el dominio de la coordinación y un mayor interés por la relación dibujo-objeto que color-objeto. Posteriormente, (6-7 a.) en el realismo intelectual, el niño descubre la relación objeto-color; repite temas y usa los mismos colores para los mismos objetos.

Línea

Hay toda una evolución en lo que se refiere al trazado. En un primer momento no hay un control motor y los trazos están totalmente en función de los movimientos corporales. Al ir controlando mejor el gesto, el niño suprime el movimiento de retorno y acumula rasgos oblicuos de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Junto a estos trazos también se originan trazos ovoides y luego circulares. Más tarde, cuando controla el punto de llegada y partida, corrige y puede hacer posibles las formas geométricas.

El estudio de la línea nos lleva a verlo no sólo como una destreza manual, sino como un mecanismo importante para la expresividad de la obra. El trazo nos da idea de movimiento, fuerza, dramatismo, dolor…

Por tanto el valor del trazo como forma de expresividad evoluciona paralelamente a la coordinación mental y motora. El reconocimiento por el niño de su gesto gráfico le lleva a investigar nuevas formas de expresión y a utilizar estereotipos. Desde la primera etapa del garabateo, el niño dibuja líneas:

  • Horizontales. Generalmente no se usan solas, sino formando parte de un rectángulo o cuadrado (> 2 años). Las más características son las llamadas línea base y línea de cielo.

 

  • Verticales. Corresponden a los objetos que están en composición vertical. Marcan las divisiones en el papel del espacio en derecha e izquierda.

 

  • Diagonales. Pueden crear un equilibrio de arriba−abajo y de derecha−izquierda. Se pueden utilizar solas o para crear diseños, formas tejados, velas, etc.

 

  • Otras líneas: curvas, zig−zag, espirales,… ·

Forma

Durante la etapa del garabato, se dedica a sus dibujos con gran capacidad de concentración, disfrutando de su desarrollo kinestésico, logrando progresivamente el control de sus trazados. Los dibujos ofrecen una gran variación, desde una serie de trazos hechos al azar alrededor de 2 años, hasta convertirse en movimientos más complicados y líneas más definidas cuando el niño los asigna un nombre. Es a partir de los 4 años que el niño comienza a crear conscientemente formas que guarden relación con el mundo que le rodea: es un paso muy importante dentro del proceso de la comunicación gráfica.

 

Proporción

El niño dibuja pero no tiene en cuenta las proporciones reales de las cosas. Ej. al realizar un dibujo de su familia, dibujará a su madre más grande. Este sentido de la proporción está en relación directa con factores afectivos y con los sentimientos más profundos del niño.

Volumen

El manejo de materiales tridimensionales permite al niño utilizar los dedos y los músculos en forma diferente. Golpear, amasar sin propósito, es una etapa paralela al garabato. La fabricación de bolitas, fideos, sin intentar objetos concretos, es paralela al garabato controlado. En la medida en que el niño realice una actividad de modelado, está expresando un concepto, el conocimiento de la realidad. El niño no estará en condiciones de copiar un triángulo antes de los 5 a., ni un rombo antes de los 7 años.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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