El desarrollo de la sexualidad humana empieza con el contacto físico, cuando los bebés son sostenidos y acariciados. Eso es necesario y natural que ocurra. No se debe privar al bebé de contactos corporales. Es necesario reconocer al niño como ser sexuado, en relación consigo mismo y con otros, para que se construya una identidad sexual propia.

La sexualidad infantil es una de las puertas a través de la que el niño desarrolla su personalidad y sus relaciones con la afectividad. La sexualidad es un aspecto natural en los seres humanos, una función de la persona y como tal, debe ser un tema tratado con naturalidad,  cariño, y debe tener su propio espacio dentro del proceso educativo del niño.

La identidad sexual es un juicio (soy niño, soy niña) sobre la propia figura corporal, en función de los atributos masculino o femenino. La identidad de género es el conocimiento de las funciones y características que la sociedad asigna como propias del niño y de la niña (rol
sexual). Los niños no diferencian entre ambos conceptos, adquiriéndolos, en las primeras  edades, de forma paralela.

El conocimiento del grupo sexual al que se pertenece realiza importantes progresos desde el año y medio a los tres años.

Proceso de la adquisición de la identidad sexual:

  • Reconocimiento conductual de la existencia de dos tipos de vestidos, juguetes, actividades, etc. En relación con estas actividades, manifiestan preferencias según su sexo antes de los dos años.

  • Autoclasificación en una de las dos categorías sexuales: “yo soy como mi mamá”, “yo soy como mi papá”. Lo que supone no sólo un conocimiento social de la identidad sexual y de género de los demás, sino también un conocimiento de sí mismo.

  •  A partir de los tres años usan un conocimiento de la identidad sexual y de género para definir con claridad sus preferencias y valoraciones.

A esta edad han asimilado aquello que la cultura les ha ido proponiendo e imponiendo.

La identificación se produce a través de:
• Imitación de las personas del mismo género.
• Valoración positiva de las cosas que se consideran corresponden al propio género.
• Imitación de las personas que creemos tienen poder o prestigio.
• Se observan las cosas en función de los propios intereses.
• Se responde mejor a la información que no contradice la que ya tenemos.

Resulta importante destacar que los niños de esta etapa, muestran una clara tendencia a describirse en torno a atributos personales externos, por lo que para los niños menores de seis años, es masculino aquello que presenta determinados rasgos externos masculinos y es femenino lo que presenta determinados rasgos externos femeninos.

Niños y niñas de esta etapa prefieren como compañeros de juego a quienes son del mismo sexo y toman como modelos a personas de su mismo sexo, lo que muestra la importancia de un proceso que, lejos de ser  cognitivo, tiene importantes repercusiones en los ámbitos de socialización y de construcción de la personalidad.

 

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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