Desde un punto de vista psicológico hay que entender la sexualidad como un área de  nuestra propia personalidad, que tiene gran importancia en el ajuste equilibrado individual e  interpersonal.

La educación sexual tiene por objeto fundamental el promover una vida sexual  sana. La salud sexual entendida como “La integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores, que potencien la personalidad, la comunicación y el amor”.

La salud sexual supone tanto información como educación; en la primera la escuela  tiene un mayor protagonismo, mientras que en la segunda, los valores mantenidos por las  familias repercuten desde muy temprana edad. De ahí que resulte imprescindible la colaboración entre los padres y la escuela a favor de la coherencia en los planteamientos.

El objetivo principal de la educación sexual pretende que los niños/as sean capaces de adquirir y desarrollar los conocimientos y actitudes necesarios para comprender y  vivir la sexualidad desde una perspectiva global e integradora. En la etapa de infantil, debe buscarse la creación de un ambiente afectivo en el centro, necesario para favorecer el desarrollo de las capacidades personales y para animar a los niños a manifestar sus sensaciones. Además, es fundamental propiciar el conocimiento de los órganos sexuales y de las diferencias externas entre sexos. La naturalidad contribuirá a que no se generen miedos ni inhibiciones.

Señalemos dos aspectos fundamentales:

La educación afectivo sexual. Las primeras experiencias maternas (pecho, caricias, ternura…) son esenciales para el futuro desarrollo afectivo-sexual.

El desarrollo libre de su natural sexualidad. No podemos prohibirle al niño que disfrute de su cuerpo. Tiene derecho a amarse a sí mismo. Al que se le prohíbe procurarse placer a sí mismo, tampoco podrá dar placer a otros. Es aquí precisamente donde empieza la educación sexual y no en una información de tipo anatómico que demos al niño. Una actitud sexual saludable es aquella que pretende lograr la comodidad del niño respecto de      su sexo y de su rol sexual.

La información sexual. Alrededor de los tres años surgen las primeras preguntas de los niños.

La educación sexual es algo integral que se lleva a cabo teniendo una visión positiva de las manifestaciones de la sexualidad infantil, creando un ambiente de confianza, y contestando las preguntas según las vivencias de los niños. La información sexual debe ser: – Clara: el niño espera de los adultos respuestas que comprenda. – Gradual: el conocimiento sexual ha de ir adquiriéndose de forma gradual y progresiva a partir de los primeros años de la infancia. – Veraz: La educación que sobre materia sexual demos a los niños debe ser exacta, de acuerdo con la realidad, sin desfiguraciones. La información debe ser propiciada por la curiosidad del niño y ajustada a su capacidad de comprensión, según su grado de madurez, sin ir más allá de lo que el niño/a demanda. – Naturalidad: responderemos con la misma naturalidad con la que los niños preguntan. La finísima sensibilidad del niño capta inmediatamente cualquier matiz de apuro, de preocupación, o de temor que pueda dominar nuestra respuesta

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez.

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