¿TÚ HIJO SE TIRA AL SUELO Y PATALEA? ¿ESTÁS CANSADO Y NO SABES QUÉ HACER EN ESOS CASOS? ¿LUCHAS DIARIAMENTE CON SUS RABIETAS Y TE DEJAN AGOTADO?

Puedes comprender estas reacciones fácilmente y

encontrar estrategias para sobrellevarlas lo mejor posible. 

QUÉ Y CÓMO SON LAS RABIETAS.

Las rabietas, pataletas, berrinches, o golpes de genio son reacciones bruscas y descontroladas que el niño manifiesta en un momento, más o menos inesperado.
Se dan normalmente entre los 1 y 3 años de edad, desapareciendo al llegar a los 4 años. Este rango puede ampliarse desde los 6 meses hasta los 6 años, siendo menos frecuente.
Por tanto, las rabietas son una característica de esta etapa de desarrollo del niño, y es parte normal del desarrollo infantil.

POR QUÉ SE PRODUCEN LAS RABIETAS

  • Un motivo es la frustración. Es decir, el niño no logra hacer, conseguir, o decir lo que desea y se enfada.

  • Otro motivo es la adquisición y desarrollo de su identidad. Comienza a hacerse autónomo e independiente y quiere diferenciarse del adulto, y la única forma es decir que “no”.

Existen unas limitaciones por las que el niño no puede superarlas, por ejemplo:

-El lenguaje del niño de 2 y 3 años todavía no está desarrollado para expresar lo que quiere, y para hacerse comprender. Como no sabe expresarlo se enfada. Necesita que le pongas palabras a lo que siente.

-Sus limitaciones físicas, pueden ser también motivo de enfado. Quieren subirse al columpio más grande del parque, cruzar la calle sin ayuda…pero esto no siempre pueden hacerlo, porque no pueden físicamente, o porque se lo prohíben los adultos. Por tanto, se frustran sus deseos. Explícale las consecuencias.

-Cada vez los niños son más hábiles, pero aún les falta adquirir muchas destrezas que ellos ya quieren dominar. No les gusta emprender una tarea y no saber resolverla. Por ejemplo, se enfada cuando no consigue insertar dos piezas de un rompecabezas. Ofrécele tu ayuda haciéndole consciente de que la necesita.

-El niño está experimentando, y desea tocar, coger, tener todo… y no aceptan un “no” por respuesta. Su deseo es conseguir lo que quieren y prueban hasta ver dónde pueden llegar. Es ahora donde hay que empezar a poner límites a las primeras rabietas, ante la frustración que supone no tener todo lo que quieren.

-Las rabietas aumentan si el niño:

        • Está cansado, porque ha dormido poco, no ha parado de correr y jugar en todo el día, ha tenido muchas actividades extraescolares
o ha estado todo el día fuera de casa.

       • Tiene hambre, es la hora de comer y se encuentra molesto.

       • Está incómodo, y no sabe qué hacer, o lleva mucho rato en la misma situación.

       • Se encuentran mal por algún dolor, o están enfermos.

       • Tienen más ansiedad de lo normal, en una situación novedosa

QUÉ HACER ANTE LAS RABIETAS.

ANTES de que se produzcan:

-Minimizar las necesidades de decir “NO” al niño, reorganizando la casa, quitando todo lo que el niño pueda romper y ponerlo fuera de su alcance.
Evitando ir a las situaciones en las que sabemos el niño explotará, para evitar que practique las rabietas. Es mejor no decir NO tantas veces.

-Escoger las batallas cuidadosamente, es decir, no regañarle por tonterías. Ser
firme y consistente cuando sea realmente importante, y no por todo.

-Ofrecer al niño alternativas para que elija y escoja. Por ejemplo, en lugar de obligar a comer una fruta, dar opciones (manzana o plátano). Dándole a elegir puede expresar mejor sus deseos.

-Cuando vemos que va a frustrarse porque no consigue encajar las piezas, ofrecer nuestra ayuda. O también dirigir la atención del niño hacia otra actividad, que sea menos frustrante y más atractiva.

-Necesitan mucha atención positiva, reforzar, buscar  todas sus buenas conductas. Cada vez que sean capaces de controlarse, y/o estén tranquilos, darle muchos besos, abrazos, comentarios agradables…

-Animarle, sobre todo cuando es más mayor, a encontrar una forma más adecuada de expresar sus deseos, y a conseguirlos mediante otras estrategias.

DURANTE la rabieta:

-Dejar que se desahogue, que dé salida a sus frustraciones. Las demostraciones de rabia, como llantos, gritos pueden ser aceptados pero no ignorados, sin embargo que siempre sientan que les estamos acompañando aunque sea en la distancia, con la mirada. Dejar que acabe, observando, manteniendo la
calma y sin prestar atención. Por ejemplo, en el salón de casa.

-Si es más mayor podemos no prestarle atención y acudir cuando se calme, ya que es capaz de hacerlo solo.

-Si rompe cosas que no se puede hacer daño, explicarle que no puede hacer eso y retirar la atención.

-Si golpea a padres u otros, arroja cosas o hay peligro, se le aparta de la situación, pero no se le deja solo. Abrazarlo hasta que se le pase sin decir nada o dejarlo solo hasta que se calme y recupere el control.

-Los más pequeños necesitan oír palabras de tranquilidad y ser abrazados.

DESPUÉS de la rabieta:

-Esperar hasta que pare de llorar, y regresar con él para interesarse por otra actividad. La atención se la damos por el control, porque ya está calmado.

-Realizar cualquier otra actividad, sin dar mayor importancia al incidente.

-Abrazar y/o hablar de lo sucedido. Si es más mayor explicar, razonar o expresar lo que habéis sentido. Nunca pedir que razone cuando el niño está en plena explosión. No decir que es malo,  hablar en términos de fuera de control.

-No castigar la pataleta, porque es algo que no controla y forma parte de su evolución y desarrollo.

-Tampoco dar premios por abandonar la pataleta. No ceder nunca ante lo que desencadenó la rabieta.

-El mensaje debe ser de calma, de tranquilidad por parte nuestra. Debemos entender que esta etapa del desarrollo no es fácil, y que requiere comprensión y empatía por nuestra parte. Pensando así, se lo transmitiremos al niño.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

http://www.adeiv.com/documentos/rabietas.pdf

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