Los niños son personas como el resto de los adultos, comprenden muchas más palabras y frases de lo que creemos y debemos tener cuidado cuando hablamos al lado de ellos.

Los bebés todavía no hablan y, sobre todo, los más pequeños no comprenden la mayoría de las palabras, pero son capaces de descifrar el contenido de lo que le estás diciendo observando los gestos de tu cara, el tono de tu voz, la mirada y el movimiento que realizas. Son muchos los aspectos que influyen a la hora de comunicarse con un niño:

  • El movimiento del cuerpo, puede proporcionar mucha información al niño, por ejemplo, la velocidad con la que andas hacia él, si te diriges despacio sienten seguridad porque va viendo hacia donde te diriges, pero si vas rápido puede prever miedo o nerviosismo que provoca un estado de alerta.

  • Los gestos de la cara corresponden con el estado de ánimo con el que te encuentras, asustado, contento, temeroso, enfadado… con lo que predispone al niño a la hora de recibir la comunicación.

  • La mirada que el adulto le ofrece al niño va a ser clave en la comunicación. El contacto visual ha de estar siempre que te dirijas a un niño, para llegar a él, para establecer una relación y un vínculo de confianza, base para que la comunicación sea estable.

  • El tono de voz también lo perciben los niños desde muy temprana edad. No les gusta nada que le hables alto, porque además de que le pone nervioso y lo va a imitar, se siente amenazado y sobrepasado. Aunque creas que si le hablas en voz baja no te va a escuchar o no se entera, no es cierto, ellos son especialistas en el lenguaje no verbal, con lo que si no te oyen (cosa rara), sabrán por los gestos y movimientos qué le estás diciendo. Si aún así, no lo hace, es que no le interesa lo que le estás diciendo.

El lenguaje es otro factor más en la comunicación, el más importante para los adultos, pero el menos importante para los pequeños. Aún así, existen unas pequeñas ideas para hablarle a un niño.

  • No acortes palabras ni las pongas en diminutivo porque el niño las entenderá igual. Enséñale el lenguaje tal y cómo es, tal y cómo se lo va a encontrar en la vida. El niño comprende cualquier palabra que le digas. No va a entender mejor “tete”, que “chupete”. A la hora de hablar, es probable que diga “tete” o “pete”, porque cuando comienzan dicen las últimas sílabas, sea la palabra que sea.

  • Cuéntale con palabras lo qué está sucediendo a su alrededor para que vaya comprendiendo el lenguaje en un contexto. Es más, anticípale lo que va a pasar para que sienta seguridad. Por ejemplo, cuando le estés cambiando dile que vas a coger un pañal para ponérselo, que vas a echarle crema… o si está en una situación en la que corre peligro, anticípale lo que le puede ocurrir si se acerca más al borde de la silla. Muchas personas no hablan a los niños pequeños porque se creen que no entienden, y eso es un error.

  • Explícale los hechos cuando te pregunte o no lo entienda de manera sencilla, adaptada a su edad, sin excederte de lo que ha preguntado y sin avergonzarte por muy íntima que  parezca la pregunta. Sólo así, conseguirá confiar en ti y comunicarse.

  • Prestar atención a un niño que lo reclama todo el tiempo es muy importante. A veces, caemos en la equivocación de creer que le estamos “malcriando” al hacerle tanto caso, pero no es así. El niño debe saber que cuando intenta comunicarse es correspondido y alguien le escucha, porque si no dejará de hacerlo.

Al fomentar el lenguajes estamos poniendo en marcha el pensamiento y con ello todo lo que conlleva pensar, elaborar hipótesis  sentir interés por aprender más, motivar la curiosidad por descubrir… ya que a medida que el lenguaje y las palabras aumentan en la memoria del niño el pensamiento se va haciendo más complejo.

En resumen, a un niño hay que hablarle como a cualquier otra persona.

Por: Marta Villegas y Beatriz Glez

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