Por qué es bueno que los niños se disfracen

El Carnaval ofrece a los niños la oportunidad de explorar otros aspectos de nuestra realidad. Para poder convertirse en ese otro que vive en su interior, los niños utilizan el disfraz y protagonizan lo que en psicología se llaman juegos de representación. ¿Y qué representan? Normalmente las cosas que les ocurren y de las que nunca hablan.

Miedos, alegrías, conflictos y secretos de nuestros hijos salen a la luz. Además, lo que los pequeños resuelven a través de la representación no vuelve a ser exactamente igual en la vida real. Por eso, entre otras cosas, hemos de favorecer las posibilidades de representación que la vida, el juego y, en este caso el carnaval, ofrecen a los niños.

Os damos algunos trucos e ideas para no tener que comprar ningún disfraz:

–      Los niños no hacen falta que vayan con disfraces muy elaborados, cualquier tela para ellos es un disfraz.

–      Tened telas y lazos en casa es muy importante a la hora de improvisar.

–      Los complementos son lo que definen a un disfraz. Si consigues 3 accesorios, aunque no tengas el traje podrá ser igual de útil.

–      Las pinturas de cara pueden convertirles en cualquier personaje o animal, pasando a un segundo plano el traje.

–      Muchos disfraces de lo que compramos son muy aparatosos e incómodos dificultando la movilidad, la visión, pasando mucho calor… Es importante tener en cuenta que sea cómodo, y un par de telas cumplen estos requisitos.

–      La goma-eva y el fieltro son buenos materiales para hacer la mayor parte del disfraz.

Ejemplos

–      Frutas: Manzana, naranja, pera, fresa, uvas…

–      Animales: Tigre, gato, vaca, pulpo, ratón…

–      Trajes típicos de países: indio, escocés, africano, chino…

–      Payaso

–      Pirata

–      Vaquero

–      Troglodita

–      Estilos: Rockero, hippie, Punky, gótico,

heavy

–      Personajes históricos: Gaudí, Mozart, Einstein…

–      Profesiones: pintor, médico, mecánico, bombero, policía, piloto…

Si necesitáis asesoramiento no dudéis en preguntarnos.

Por: Marta Villegas y Beatriz González

Anuncios