Ferriere decía: “Al niño le gusta la naturaleza, pero le encierran en clases cerradas; le gusta dar un sentido a su actividad y le roban el sentido; le gusta moverse y lo inmovilizan; le gusta hablar y le dicen que permanezca en silencio; le gusta pensar y sólo le valoran su memoria; quiere seguir a su fantasía y no le dejan; quiere ser libre y le enseñan a obedecer pasivamente”.

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